viernes, 21 de enero de 2011

Hombres maltratados en México.

Si hace días comentaba una noticia sobre hombres maltratados en Honduras hoy voy a hacer lo propio con otra noticia mexicana. Se trata de unas declaraciones de la directora del Instituto Municipal de la Mujer del municipio de Ciudad Lerdo, Glafyra Helena Valenzuela Valdez.

Parece ser que en estos dos últimos meses las denuncias de mujeres a hombres han descendido notablemente, al par que las de hombres a mujeres por violencia doméstica han aumentado “de manera alarmante”. “Los quejosos acuden a fin de evitar ser golpeados por mujeres que abusan de algunas ventajas que les da su condición femenina”, afirma la directora del Instituto de la Mujer.

Y concluye la citada señora: “aunque el organismo fue creado en busca de proteger a las mujeres y a los niños, ello no implica negar algún servicio a los hombres, pues lo que se busca es la igualdad de derechos y la equidad de género”.

Igual que decía el otro día, ¿para cuando en España dirigentes valientes y capaces de plantear estas situaciones tal cual son? ¿Por qué en Honduras y en México sí hablan sin tapujos de que hay hombres maltratados, y además les dan servicios asistenciales?

lunes, 10 de enero de 2011

Denuncias falsas: analizando en profundidad algunos datos.

Hace semanas hablamos sobre los dos significados del sintagma “denuncia falsa”, entendido como denuncia de contenido falso o como delito de denuncia falsa. Expliqué el uso falaz que hacen los grupos feministas del segundo significado sabiendo que dan a entender el primero, y llamé también la atención sobre los extraños datos del juez Serrano, que acercaban las denuncias falsas al 98 %.

Hoy se ha publicado en la prensa datos de la fiscalía de Madrid sobre casos de violencia de género iniciados con urgencia y que consecuentemente dieron pie a lo que popularmente se conoce como juicio rápido. En realidad, y es precisa la matización, son unas diligencias de investigación urgentes tras las que, en caso de que haya indicios de delito, se realiza un juicio rápido (esta vez sí) en el plazo máximo de quince días.

Las cifras están basadas en datos obtenidos entre el 1 de enero de 2010 y el 12 de octubre (extraño corte de fechas, por cierto), en que en Madrid hubo 3.923 casos urgentes atendidos judicialmente. El 49,13 % de los asuntos fue directamente archivado (el juez no vio indicios de delito), el 4,94 % de los casos el acusado reconoció directamente el delito y en el 45,93 % restante se entendió que había indicio de delito y se celebró un juicio (no hay datos de cuántos de estos juicios terminaron con la absolución del acusado).

La interpretación de estas cifras es difícil, pero muy grosso modo podemos concluir que casi la mitad de las denuncias por violencia de género son falsas; también sabemos que solo el 5 % de los acusados se aceptan maltratadores y que el 46 % restante quieren defender su inocencia a pesar de que si asumen su culpa se les rebajará la condena en un tercio (razón que mueve a que muchos abogados recomienden directamente declararse culpable).

Estas conclusiones son muy matizables por casos concretos, pero parece que en estos datos sí podemos basar un análisis sobre las denuncias falsas, aun sobre la base de que no hay manera de concluir de manera exacta cuántas denuncias de género son falsas. Pero así podemos hacernos una idea.

Idea por cierto muy lejana a la de Miguel Lorente, delegado del gobierno para la violencia de género, que el otro día afirmaba que en España no había una sola mujer que mintiera. Creo que no hace falta comentario.

jueves, 16 de diciembre de 2010

¿Hay muchas o pocas denuncias falsas?

Hablaba la semana pasada de que con motivo del día internacional contra la violencia de género (en la que no quedan amparados los hombres maltratados) los grupos feministas habían insistido en que las denuncias falsas de mujeres sobre hombres por este tipo de violencia son tan pocas que hasta alguien las llamaba “anecdóticas”. En cualquier caso son tan pocas que ningún análisis serio sobre la violencia contra las mujeres debe tenerlas en cuenta. Para apoyar todo esto citan datos oficiales del Consejo General del Poder Judicial, según el cual en el primer semestre de 2010 solo ha habido 3 denuncias falsas (sobre 34.256 presentadas).

Ahora bien, por el contrario, hay cada vez más gente que habla sobre la frecuencia creciente de las denuncias falsas. Entre ellos el juez sevillano Francisco Serrano ha llegado a declarar públicamente que el 93,78 % de las denuncias de violencia de género son falsas. Dato sustentado en su propia experiencia y en la de otros compañeros suyos, se supone.

La enorme diferencia entre el 0,0088 % y el 93,78 % parece absolutamente irreconciliable, salvo que entendamos la causa de dicha diferencia. Y es que aunque parecen hablar de lo mismo, el CGPJ y el juez Serrano se están refiriendo a realidades diferentes.

La cuestión es la siguiente. El término “denuncias falsas” designa dos conceptos parecidos, pero no idénticos; y para poder entender la cuestión es imprescindible analizar los dos conceptos, pues de lo contrario nos movemos en la confusión total.

Cuando el CGPJ afirma que en 2010 ha habido solo tres denuncias falsas, usa un sintagma que ha reducido de otro más extenso que se entiende sin dificultad: “delito de denuncia falsa”, tipificado en el Código Penal en los artículos 456 y 457, y que como todo delito ha de ser necesariamente probado (según el art. 24.1 de nuestra Constitución). Esos tres casos responden por lo tanto a tres sentencias judiciales firmes en que mujeres han sido condenadas por denunciar falsamente a su pareja, pudiendo posteriormente demostrarse irrefutablemente que la denuncia era falsa.

Por el contrario cuando otros como el juez Serrano afirman que hay un 93,78 % de denuncias falsas, se utiliza el sintagma en el sentido genérico, entendiendo por tal una “denuncia de contenido falso” (independientemente de que se pueda probar o no). Y claro, la prueba de que la denuncia es falsa es extremadamente difícil.

En conclusión, la enorme diferencia en las cifras de “denuncias falsas” responde a que cada uno está hablando de una cosa diferente, lo cual motiva la confusión absoluta que sin duda es aprovechada por el feminismo para convencer a la sociedad española de que hay pocas “denuncias falsas”. Dicho con otras palabras, el término “denuncia falsa” es análogo, y se utilizan datos del concepto jurídico (“delito de denuncia falsa”) como si se refirieran al sentido genérico (“denuncia de contenido falso”), utilizando la confusión en beneficio de las tesis feministas.

Este es el pequeño juego tramposo que hacen y que necesariamente hay que explicar para resolver la aparente confusión en la que se basan para el engaño.

La semana que viene analizaré los datos del juez Serrano sobre denuncias de contenido falso, con las que tampoco puedo estar ni mucho menos de acuerdo. Siempre ha habido denuncias falsas y cada vez son más los hombres maltratados víctimas de estas denuncias, pero desde luego están muy lejos de ser el 93,78 %.

jueves, 2 de diciembre de 2010

El descenso por denuncias de violencia de género no alegra a las feministas.

Si quisiéramos hablar sobre los comentarios y declaraciones de personas y personalidades que escuchamos el pasado 25 de noviembre tendríamos para escribir probablemente una monografía entera. Y creo que no exagero. Actrices, abogadas, ministras, directoras de cine, sociólogas, consejeras, psicólogas, trabajadoras sociales y hasta algunos hombres que se afirmaban “orgullosamente feministas” hablaron durante todo el día y hasta en días sucesivos sobre la lacra de la violencia de género, de la que por definición quedan excluidos en cualquier caso los hombres maltratados.

Entre todos los comentarios y declaraciones quiero hoy hablar sobre uno que se repitió sin cesar, el relativo a las denuncias falsas de mujeres sobre hombres. Insistían en que son tan pocas tan pocas que en realidad son pura anécdota (en sus propias palabras), pero anécdota siniestra en la medida en que había muchas mujeres que por oír hablar de dichas denuncias falsas no denunciaban aun cuando los casos que ellas padecían eran reales. Así pues al argumento de que son muy pocas añadían ahora que además provocaban la siniestra consecuencia de disuadir de la denuncia a algunas mujeres maltratadas. Esa sería precisamente la causa del descenso de las denuncias “de género” que al parecer está habiendo en este año 2010.

El próximo día explicaré si hay muchas denuncias falsas o no, pero hoy quiero centrarme en el segundo de los argumentos. Ignoro por completo las razones del descenso del número de denuncias, pero desde luego que suponer que solo hay una razón para este descenso (y que no son varias las que lo provocan) supone un gravísimo error de inicio ya que es evidente que diversas causas podrían a priori provocar dicho descenso. Pero entre otras causas la que desde luego parece más evidente es precisamente el descenso de delitos, y no deja de ser interesante que desechen absolutamente esta posibilidad.

Tampoco se entiende muy bien cómo el hecho de que existan denuncias falsas puede disuadir de la denuncia a quien es perfectamente consciente de que su denuncia no es falsa, pero incluso estoy dispuesto a admitir que este extraño requiebro psicológico pueda ocurrir en algunas ocasiones. Eso sí, en pocas, en muy pocas.

Ahora bien, hay un elemento que no podemos dejar de lado cuando analizamos el planteamiento de estas ideólogas. Como defensoras autoproclamadas del colectivo imaginario (metafísico) “mujeres” parece lógico que se alegraran de que hubiera menos denuncias, en la medida en que la explicación más fácil y razonable de dicho descenso es que se corresponda directamente con el descenso de los delitos “de género” (si no hay delito no cabe la denuncia). Sin embargo se lamentan del descenso de denuncias (contra los hombres), con lo que parece traslucirse que su objetivo real no es evitar el maltrato a la mujer sino promover las condenas contra los hombres.
Creo que esto demuestra una vez más que la “ideología de género” no va dirigida a defender a las mujeres sino a atacar a los hombres, suponiendo en primer lugar que existen tales colectivos (hombres y mujeres) y que además están en lucha. La aplicación práctica de esta ideología a través de la ley de violencia de género provoca tanto el ascenso del número de mujeres muertas como el del número de hombres condenados. Parece que así cumplen su objetivo.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

¿El fin de la igualdad?

Escribo con mayúscula inicial la palabra Igualdad no por llamar la atención sobre la palabra, sino porque me refiero al ya difunto ministerio. He dudado mucho sin poner el título entre interrogaciones o no, porque a estas alturas poco sabemos sobre el asunto. Los únicos datos que conocemos es que desaparece el ministerio y se convierte en una secretaría de estado dependiente del ministerio de Sanidad, cuya nueva ministra es ni más ni menos que Leire Pajín, jefa directa por lo tanto de nuestra Bibiana Aído.

Parece por lo tanto que nada va a cambiar, salvo si acaso que veremos y oiremos menos a la pensadora Bibiana y más a su nueva jefa, la no menos pensadora Leire. Parece así que la respuesta a la interrogante del título está clara: las políticas de Igualdad seguirán presentes en el gobierno, incluso como uno de los puntos fuertes de su acción política. No obstante quizá sea buen momento para decir unas pocas palabras sobre el difunto ministerio, uno de los grandes disparates del actual gobierno.

Por hoy me ceñiré nada más a insistir en que jamás fue un ministerio con competencias sobre Igualdad. Más que nada porque decir eso es básicamente no decir nada, en la medida en que no se dice cuál es el parámetro de la igualdad. Quiero decir, que para que tuviera algo de contenido habría que decir en qué es la igualdad, en altura, en inteligencia, en nivel económico, etc. En realidad todos los ministerios tienen competencias de “igualdad”: el de fomento cuando hace un ave a Valencia “iguala” a los valencianos con los sevillanos (que ya tenían ave); el de economía iguala a todos los españoles con el impuesto de IVA (“todos los españoles son iguales respecto del IVA”), etc.

El ministerio que nunca fue de igualdad salvo en el nombre, fue siempre un ministerio para la mujer, a imagen de muchas concejalías o consejerías llamadas así. Analizar qué sea eso ya es cuestión que haremos otro día.

Lo que si quiero decir muy claro una vez más es que el principal fin del difunto ministerio que era luchar contra la que llaman violencia de género ha sido un rotundo fracaso: el número de mujeres muertas ha aumentado y el número de hombres muertos ha aumentado. Y además la voz de los hombres maltratados ha quedado ninguneada, vejada y machacada. Las denuncias falsas contra hombres han crecido en progresión geométrica y la impunidad absoluta de las mujeres a este respecto augura un progreso incesante.

El ministerio de igualdad ha logrado que el número de hombres maltratados y hasta de los asesinados se haya disparado. Y también ha conseguido que haya más mujeres asesinadas. Pero la nueva secretaría de estado continuará con las mismas políticas. Así que lamentablemente, nada va a cambiar.

sábado, 15 de mayo de 2010

Nadie habla de los 30 hombres asesinados a manos de sus mujeres el año pasado.

“Por fin se ha hecho justicia, Nacho. Bienvenido al barrio”. Este miércoles 21, José Ignacio Y. volvía a Getafe (Madrid), a la residencia de sus padres, después de un año sin poder acercarse a su casa de toda la vida. Un juez le levantó la orden de alejamiento que desde marzo de 2009 le prohibía acercarse a menos de 500 metros de la casa de su ex mujer, con la que vivía justo en el portal contiguo al de su residencia familiar.

Según explicó José Ignacio a El Confidencial, su ex mujer lo anuló durante años. Y el daño no fue sólo psicológico, sino también físico. Lo abofeteó y arañó durante su matrimonio cada vez que se le antojaba. La gente le preguntaba, pero él, por vergüenza, aseguraba que todo se debía a “la fogosidad” de su esposa. “¿Crees que alguien va a creer que alguien que pesa 50 kilos puede pegar a un tío de más de 100?”, le preguntaba su mujer de forma burlesca, según narra el afectado. Ella, que responde a las siglas A.L.M., es la madre de sus dos hijos gemelos. Según José Ignacio, llegó a ponerle un cuchillo en el cuello; se acostaba con otros hombres en su propia cama “porque tú ya no me vales”, e incluso amenazó con arrojar a uno de sus hijos al vacío desde la ventana para retener a su pareja en casa. “Me decía: Si cruzas esa puerta, tiro al niño y después me arrojo yo”. Lo último, fingir una paliza para denunciarlo por malos tratos. “Si renuncias al piso y me das el dinero que te pido, te quito la denuncia”. El acosado era él, pero ¿quién le iba a creer?

El hombre maltratado también existe. No es ni un concepto nuevo ni un símbolo ni la nueva peor moda. “Nacho es sólo un ejemplo”, asegura el juez Francisco Serrano. “Hay muchos inocentes encarcelados porque sus mujeres los denunciaron falsamente”. Serrano escupe indignación cuando habla de la Ley Orgánica de Protección Integral contra la Violencia de Género. Quien lea sus declaraciones quizá lo tache de juez machista, pero en su currículum destaca ser el primer magistrado en firmar una orden de alejamiento. En 2001, cuando la ley de Violencia de Género no estaba ni pensada, recibió el premio Amuvis por defender a la mujer maltratada.
Falsa violencia machista

La batalla actual de Serrano, el juez titular del Juzgado de Familia número 7 de Sevilla, es muy simple: lucha para que las mujeres que quieran divorciarse no usen las ventajas que esta ley les ofrece para obtener beneficios de una manera injusta. “Denuncio una realidad silenciada: la falsa violencia machista”, sentencia. Serrano habla de la ley como una hecha a la medida de un gobierno que no ha querido mantener un concepto de violencia familiar que englobara todos los maltratos que se da en un hogar, sin distinguir según el sexo de la víctima. ¿Por qué las muertes de mujeres sí cuentan, y las de hombres no?

Serrano asegura que el Ministerio del Interior anotaba el número de asesinadas y el de asesinados hasta 2006. Las estadísticas oficiales informaban de que en 2002 55 mujeres murieron a manos de sus maridos y 16 acabaron con la vida de sus maridos o ex parejas. En 2003 murieron por la misma causa 65 mujeres y 13 varones; 2004: 61 versus 9; 53 en 2005 frente a 15 hombres; en 2006, 54 mujeres y 12 hombres. Con estas cifras, se puede afirmar que muere un hombre a manos de sus mujeres por cada cinco mujeres asesinadas. ¿Dónde están ellos? ¿Por qué no hay asociaciones que les apoyen cuando se sienten avergonzados? ¿Por qué no tienen ninguna institución que los ampare y el 016 les cuelga el teléfono “porque sólo atendemos a mujeres?” (algo que ya corroboró un periodista de ‘El Confidencial’ haciéndose pasar por un hombre maltratado).

Por más que lo haya preguntado, a Serrano nadie le ha contestado todavía por qué se dejó de divulgar desde 2007 las cifras de hombres muertos por agresiones de sus cónyuges. “El año pasado más de 30 hombres murieron a manos de sus mujeres. Este año ya van cinco. Pero no busquen en los organismos oficiales, porque de esto no interesa informar”. Aunque la violencia en el ámbito familiar está prevista en el Código Penal español, existe una corriente social que pretende reducir el término violencia a la que ejercen los hombres y padecen las mujeres, negando así cualquier opción a que la situación sea distinta. “Por eso esta ley es inconstitucional, porque la Constitución dice que todos los españoles somos iguales ante la ley. No distingue entre sexos”.

Serrano habla también del principio de igualdad y de la presunción de inocencia al que todos los seres humanos tienen derecho mientras no se demuestre lo contrario. “Aquí se deja en libertad no por inocente, sino porque no se ha demostrado que sea culpable”, insiste Serrano.

Jueces, periodistas, policías judiciales, “hasta diputados y senadores de muy alto nivel me han dado la razón cuando les he dicho que esta ley es inconstitucional y discriminatoria”. Serrano habla de discriminación incluso con las propias mujeres, las del siglo XXI que luchan por una igualdad de oportunidades. “Señoras del nuevo siglo; que sepan que esta ley dice que ustedes, por ser mujeres, están en inferioridad de condiciones frente a cualquier hombre”. Las palmaditas en la espalda siempre se la dan off the record. “Es el producto estrella del Gobierno, Francisco. Yo no me atrevo a levantar la liebre el primero”, le reconocen al abogado a escondidas.

El magistrado sigue acumulando cifras: “Tampoco les interesa airear que algunos de los 3.716 varones que se suicidaron en 2006 (frente a las 2.653 mujeres) lo hicieron por el efecto adverso de esta ley, discriminatoria tanto para ellos como para ellas”. Serrano quería comprobar cuántos de estos se arrojaron al vacío cuando estaban en crisis o en proceso de separación de sus parejas. Pero los organismos oficiales decidieron quitar el estado civil de los suicidas a partir de 2007. Desde entonces, se divulgan las cifras de violencia contra las mujeres en el registro abierto en la web del Ministerio de Sanidad. Por eso Serrano insiste en que una gran parte de los suicidios de varones entre 30 y 60 años se debe al trauma que causa el “trato discriminatorio que sufren en el proceso de separación”.

Una discriminación “incomprensible”

Víctor Fernández es abogado de Patón & Asociados, el primer bufete español especializado en la defensa de hombres maltratados. Como única estadística rigurosa sobre este problema se refiere al 25,6% de víctimas mortales de hombres registradas en España en manos de sus parejas, según datos del CGPJ. Con los datos de Serrano, en 2009 el porcentaje aumentó considerablemente. Fernández coincide con su colega Serrano en que la ley es un “disparate”. “Establecer una diferencia jurídica entre hombres y mujeres en 2010 es incomprensible”. No pone en duda que la mujer maltratada debe ser protegida, pero sí culpa al gobierno de que los hombres no cuenten con ninguna institución que les ampare.

La mayor parte de los casos archivados en el registro de violencia de género son, para Serrano, conflictos entre iguales en el combate de cualquier separación. La diferencia entre el dato del juez de Sevilla de que el 86% de las denuncias de maltrato no responden a situaciones reales de violencia y la cifra del Gobierno, que considera falsas el 0,4% de las denuncias es abismal. Para demostrar la “visión distorsionada del maltrato”, Serrano pone como ejemplo al juzgado de Violencia de Género de Sevilla. En 2008, la Fiscalía Superior de Andalucía recogió 9.814 procedimientos. De ellas se emitieron 1.010 sentencias: “395 condenatorias, 412 absoluciones y 203 condenas de conformidad”. El 90% de las denuncias se archivaron o acabaron en absolución, como el caso de Nacho.

“Miedo a la denuncia”

Nacho, el maltratado denunciado, siente que “todos los hombres casados o en una relación estamos en el mundo bajo una libertad condicional que te quitan cuando tu mujer te denuncia y te mete en el calabozo, privándote de todo”. Es lo que Serrano denomina holocausto social: “Miles de hombres son encarcelados cada año con una mera denuncia”. Es lo que en Derecho se denomina derecho de autor: “Se te condena por ser hombre, no por los hechos cometidos. Y si se demuestra que ella ha denunciado falsamente, no pasa nada”.

A la mujer tampoco se le protege por ser víctima, sino por ser mujer. Según los datos que publica el Ministerio de Igualdad, en 2009 fueron 55 las mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas, un 27,6% menos que el anterior. El dato que llama la atención es que el 74,5% no había puesto denuncia previa. “Desgraciadamente las verdaderas víctimas del maltrato, las que se esconden para que nadie le vea ojo morado, siguen en sus casas con un miedo terrorífico a denunciar, por si su agresor la mata. A ésas son a las que debe amparar la ley”.

A.L.M. no pudo demostrar que su marido le había pegado de la manera que ella decía ni ninguna otra. Nacho se sentó en el banquillo de los acusados sin ser consciente siquiera de que el maltratado era él. Esta misma semana le han absuelto, pero no por ser inocente, sino porque no se pudo comprobar que era culpable. Al levantar la orden de alejamiento, Nacho ha podido entrar de nuevo en casa de sus padres. “Ella vive ahí, en esa ventana están durmiendo ahora mismo mis hijos”, reconoce con cierta ironía. La ley se muestra como un arma cargada, que en las manos equivocadas puede convertir la vida de un buen hombre en un calvario. Con la ley de violencia de género en la mano, ni ellas son tantas ni ellos, tan pocos. Nacho ha decidido abandonar la vía legal aunque desea fuertemente que se conozca su caso. Este periódico le acompañó en el preciso momento en el que después de un año, volvió a su barrio, por unos meses prohibido. Ahora está rehaciendo su vida con una nueva chica, con ilusión y cierto desarreglo. Reconoce tener miedo, que casi es pánico, a que una nueva denuncia le haga revivir de nuevo el calvario.

jueves, 6 de mayo de 2010

Cadíz: la pionera española en la defensa institucional de los hombres maltratados.

Nos congratulamos desde nuestro despacho que haya provincias españolas, y en concreto, instituciones públicas de las mismas, que pongan de una vez en la misma valanza a los hombres maltratados. No deja de ser una gota de agua en el oceano de las injusticias, pero por algo se empieza. Yo, desde mi más profundo convencimiento de que esto cambiará tarde o temprano os animo a seguir en la lucha a todos aquellos que quieran una mayor igualdad en todos los sentidos.

He aquí el enlace de la noticia:

http://www.andaluciainformacion.es/portada/?i=97&a=121590&f=0