Si quisiéramos hablar sobre los comentarios y declaraciones de personas y personalidades que escuchamos el pasado 25 de noviembre tendríamos para escribir probablemente una monografía entera. Y creo que no exagero. Actrices, abogadas, ministras, directoras de cine, sociólogas, consejeras, psicólogas, trabajadoras sociales y hasta algunos hombres que se afirmaban “orgullosamente feministas” hablaron durante todo el día y hasta en días sucesivos sobre la lacra de la violencia de género, de la que por definición quedan excluidos en cualquier caso los hombres maltratados.
Entre todos los comentarios y declaraciones quiero hoy hablar sobre uno que se repitió sin cesar, el relativo a las denuncias falsas de mujeres sobre hombres. Insistían en que son tan pocas tan pocas que en realidad son pura anécdota (en sus propias palabras), pero anécdota siniestra en la medida en que había muchas mujeres que por oír hablar de dichas denuncias falsas no denunciaban aun cuando los casos que ellas padecían eran reales. Así pues al argumento de que son muy pocas añadían ahora que además provocaban la siniestra consecuencia de disuadir de la denuncia a algunas mujeres maltratadas. Esa sería precisamente la causa del descenso de las denuncias “de género” que al parecer está habiendo en este año 2010.
El próximo día explicaré si hay muchas denuncias falsas o no, pero hoy quiero centrarme en el segundo de los argumentos. Ignoro por completo las razones del descenso del número de denuncias, pero desde luego que suponer que solo hay una razón para este descenso (y que no son varias las que lo provocan) supone un gravísimo error de inicio ya que es evidente que diversas causas podrían a priori provocar dicho descenso. Pero entre otras causas la que desde luego parece más evidente es precisamente el descenso de delitos, y no deja de ser interesante que desechen absolutamente esta posibilidad.
Tampoco se entiende muy bien cómo el hecho de que existan denuncias falsas puede disuadir de la denuncia a quien es perfectamente consciente de que su denuncia no es falsa, pero incluso estoy dispuesto a admitir que este extraño requiebro psicológico pueda ocurrir en algunas ocasiones. Eso sí, en pocas, en muy pocas.
Ahora bien, hay un elemento que no podemos dejar de lado cuando analizamos el planteamiento de estas ideólogas. Como defensoras autoproclamadas del colectivo imaginario (metafísico) “mujeres” parece lógico que se alegraran de que hubiera menos denuncias, en la medida en que la explicación más fácil y razonable de dicho descenso es que se corresponda directamente con el descenso de los delitos “de género” (si no hay delito no cabe la denuncia). Sin embargo se lamentan del descenso de denuncias (contra los hombres), con lo que parece traslucirse que su objetivo real no es evitar el maltrato a la mujer sino promover las condenas contra los hombres.
Creo que esto demuestra una vez más que la “ideología de género” no va dirigida a defender a las mujeres sino a atacar a los hombres, suponiendo en primer lugar que existen tales colectivos (hombres y mujeres) y que además están en lucha. La aplicación práctica de esta ideología a través de la ley de violencia de género provoca tanto el ascenso del número de mujeres muertas como el del número de hombres condenados. Parece que así cumplen su objetivo.