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jueves, 2 de diciembre de 2010

El descenso por denuncias de violencia de género no alegra a las feministas.

Si quisiéramos hablar sobre los comentarios y declaraciones de personas y personalidades que escuchamos el pasado 25 de noviembre tendríamos para escribir probablemente una monografía entera. Y creo que no exagero. Actrices, abogadas, ministras, directoras de cine, sociólogas, consejeras, psicólogas, trabajadoras sociales y hasta algunos hombres que se afirmaban “orgullosamente feministas” hablaron durante todo el día y hasta en días sucesivos sobre la lacra de la violencia de género, de la que por definición quedan excluidos en cualquier caso los hombres maltratados.

Entre todos los comentarios y declaraciones quiero hoy hablar sobre uno que se repitió sin cesar, el relativo a las denuncias falsas de mujeres sobre hombres. Insistían en que son tan pocas tan pocas que en realidad son pura anécdota (en sus propias palabras), pero anécdota siniestra en la medida en que había muchas mujeres que por oír hablar de dichas denuncias falsas no denunciaban aun cuando los casos que ellas padecían eran reales. Así pues al argumento de que son muy pocas añadían ahora que además provocaban la siniestra consecuencia de disuadir de la denuncia a algunas mujeres maltratadas. Esa sería precisamente la causa del descenso de las denuncias “de género” que al parecer está habiendo en este año 2010.

El próximo día explicaré si hay muchas denuncias falsas o no, pero hoy quiero centrarme en el segundo de los argumentos. Ignoro por completo las razones del descenso del número de denuncias, pero desde luego que suponer que solo hay una razón para este descenso (y que no son varias las que lo provocan) supone un gravísimo error de inicio ya que es evidente que diversas causas podrían a priori provocar dicho descenso. Pero entre otras causas la que desde luego parece más evidente es precisamente el descenso de delitos, y no deja de ser interesante que desechen absolutamente esta posibilidad.

Tampoco se entiende muy bien cómo el hecho de que existan denuncias falsas puede disuadir de la denuncia a quien es perfectamente consciente de que su denuncia no es falsa, pero incluso estoy dispuesto a admitir que este extraño requiebro psicológico pueda ocurrir en algunas ocasiones. Eso sí, en pocas, en muy pocas.

Ahora bien, hay un elemento que no podemos dejar de lado cuando analizamos el planteamiento de estas ideólogas. Como defensoras autoproclamadas del colectivo imaginario (metafísico) “mujeres” parece lógico que se alegraran de que hubiera menos denuncias, en la medida en que la explicación más fácil y razonable de dicho descenso es que se corresponda directamente con el descenso de los delitos “de género” (si no hay delito no cabe la denuncia). Sin embargo se lamentan del descenso de denuncias (contra los hombres), con lo que parece traslucirse que su objetivo real no es evitar el maltrato a la mujer sino promover las condenas contra los hombres.
Creo que esto demuestra una vez más que la “ideología de género” no va dirigida a defender a las mujeres sino a atacar a los hombres, suponiendo en primer lugar que existen tales colectivos (hombres y mujeres) y que además están en lucha. La aplicación práctica de esta ideología a través de la ley de violencia de género provoca tanto el ascenso del número de mujeres muertas como el del número de hombres condenados. Parece que así cumplen su objetivo.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Violencia doméstica: el 25,6 % de las víctimas mortales son hombres.

Leo con mucho detenimiento el informe publicado el pasado 27 de febrero por el Consejo General del Poder Judicial titulado “Informe de víctimas mortales por violencia doméstica y violencia de género en el año 2008”.

Son 76 folios llenos de cuadros y estadísticas, no siempre bien explicados, de entre los que saco un dato del que no se han hecho eco los medios de comunicación: el 25,6 % de los fallecidos por violencia doméstica y de género son hombres.

Incluso creo que cabe una interpretación de las cifras que aumentaría el porcentaje por encima del 30 %, como explicaré detenidamente en otro momento. En todo caso podemos quedarnos con las cifras del CGPJ: el 25,6 % de las víctimas mortales en el ámbito de la familia son hombres.

Así pues las cifras oficiales demuestran que los maltratos que sufren los hombres no son ni mucho menos casos excepcionales. Yo lo sé muy bien a través de mi experiencia diaria en el despacho, pero ¿no va siendo hora de que la opinión pública conozca esta realidad? ¿Por qué los medios de comunicación se han hecho eco del informe y han silenciado este dato?





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lunes, 2 de marzo de 2009

Los hombres maltratados ¿sufren violencia de género?

Me preguntan con mucha frecuencia si se puede llamar “violencia de género” a aquella que padecen los hombres a manos de sus mujeres. La última vez la semana pasada, en una entrevista que me hicieron en la radio balear Ona Mallorca.

La pregunta tiene trampa, porque como ocurre con mucha frecuencia, incita a confundir el ser y el deber ser; esto es, se mezcla la realidad con lo que debería ser esta realidad.

Legalmente la violencia de género es solo aquella que ejercen hombres contra mujeres con las que tengan o hayan tenido una relación afectiva, casados o no. La realidad por lo tanto está clara: un hombre no puede ser víctima de violencia de género.

Ahora bien, ¿no deberían ser las cosas de otra manera? ¿Por qué limitamos el término “género” solo al femenino, cuando bien sabemos que también existe el género masculino? O incluso, como dice la RAE, ¿por qué utilizar “género” en vez de “sexo”?

A mí no me gusta ninguna expresión que califique a la violencia en función del sexo del agresor o del agredido. Creo en la ley y en la igualdad de todos ante ella. Y estoy convencida de que vulnerar esta igualdad que tantos siglos nos ha costado conseguir es nocivo para nuestra sociedad.

Por eso a mí me gusta denominar a esta violencia como “doméstica”, porque además de no discriminar a nadie por razón de sexo, explica mucho mejor el tipo de violencia de que se trata: aquella que se ejerce en el ámbito de la familia.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Automáticamente custodia compartida.

El pasado día 2 de diciembre el Gobierno de Cataluña aprobó un anteproyecto de ley para modificar el Código Civil de Cataluña.
Entre otras modificaciones hay una fundamental que la Consejera de Justicia explicaba con una sencillez demoledora: "Se separan los padres entre ellos, no los hijos de los padres".
Naturalmente la Consejera, Montserrat Tura, está hablando de lo que han denominado "responsabilidad parental compartida" equivalente a la custodia compartida que tantas asociaciones intentan conseguir.
Ahora solo falta que el Parlamento de Cataluña apruebe esta reforma del Código Civil Catalán.
Pero, ¿y qué hay del resto de España? ¿Para cuándo abrimos el debate?

lunes, 16 de febrero de 2009

Un hombre maltratado: "tengo miedo de mi mujer".

Hace un par de semanas navegando por la red, leí un titular que me llamó la atención: "Tengo miedo de mi mujer". Comencé a leer:
Un juez de Palma dicta una orden de alejamiento contra una esposa después de que agrediera a su ex marido en plena calle. El calvario se acentuó desde que en agosto de 2008, Ramón L. decidió poner fin a ocho años de matrimonio.
Los insultos fueron subiendo gradualmente de tono hasta tornarse en amenazas y en presuntos malos tratos físicos. El pasado jueves, después de sufrir una agresión en plena calle, el titular del Juzgado de Instrucción número cinco de Palma dictó a su esposa una orden de alejamiento de él.
Continúa diciendo el artículo:

El caso de Ramón L. no ha pasado inadvertido a los servicios sociales municipales. Es uno de los dos únicos hombres incluidos en el Servicio de Atención a las Víctimas de Violencia de Género del Ayuntamiento de Palma. De hecho, es el único hombre entre las solicitantes de un teléfono móvil que le que le permita alertar de la presencia de su ex.

Yo conozco y he defendido a muchos hombres con casos similares al de Ramón.
Proporcionalmente son menos los hombres maltratados que las mujeres maltratadas, ¿pero qué razón hay para dar menos protección a Ramón que a cualquiera de las mujeres que se encuentran en una situación parecida? ¿Para cuándo una ley que proteja a las víctimas del maltrato familiar, independientemente del sexo del maltratado y del maltratador?