El Estado no puede dejar en manos de los ciudadanos particulares la persecución y denuncia de los delitos, por lo que existe la figura del llamado “acusador público” o “ministerio fiscal”. La Constitución de 1978 le atribuye lo que con palabras muy rimbombantes define como “promoción de la acción de la justicia”. En definitiva, el fiscal tiene la obligación de perseguir los delitos, de acusar en los procesos judiciales y de interesar condenas para los culpables.
Pero cuando se trata de temas de violencia de género la promoción de la acción de la justicia se convierte en acusar a todos los hombres por el hecho de serlo. Y la nueva moda que ha debido de imponer la fiscal jefe de violencia de género: recurrir todas las sentencias absolutorias.
La situación es la siguiente: un hombre es acusado en falso por su mujer, es detenido y pasa al menos una noche en el calabozo. En caso de que el juez de guardia vea mínimos indicios de delito iniciará los trámites de un juicio rápido al mismo tiempo que impone una orden de alejamiento. Cuando llega el día del juicio la mujer arrepentida decide quitar la acusación contra su marido, y he aquí que aparece el fiscal que mantiene la acusación por infundada que esta sea. Y resulta que el juez emite una sentencia absolutoria, y cuando creemos que todo ha terminado vuelve a aparecer el fiscal y recurre la sentencia. Y nueve meses más de calvario hasta que resuelva la Audiencia Provincial.
Esta es la nueva moda de los fiscales, recurrir las sentencias absolutorias incluso si la mujer ha retirado su acusación. El objetivo es conseguir una condena como sea para engordar las estadísticas, buscar un nuevo juez a ver si con este hay suerte y hay condena.
Esta actitud, señores fiscales, es muy ajena a la promoción de la justicia que les impone la Constitución.
Los hombres maltratados ya disponen de un bufete especializado en su defensa. En este blog repasaremos toda la actualidad.
lunes, 16 de mayo de 2011
jueves, 17 de febrero de 2011
La protección de los hombres maltratados
Varias de las últimas visitas que he recibido en el despacho me han contado su sorpresa cuando llamaron al teléfono 016 de ayuda a las víctimas de violencia doméstica y se les negó toda ayuda. Claro, es un teléfono de atención a las mujeres maltratadas y contra la violencia de género, así que los hombres quedan sí o sí excluidos.
Simultáneamente leo en las últimas semanas bastantes noticias procedentes de Hispanoamérica en que se cuenta precisamente cómo centros de atención a mujeres maltratadas están empezando a atender a hombres que se presentan con unos síntomas muy parecidos si no idénticos al prototipo de mujer maltratada. Solo falla, digamos, el hecho de que es hombre.
Y la sorpresa para mí es que en México, Perú u Honduras los responsables del asunto no han tenido ningún inconveniente en atender y ayudar a hombres maltratados en centros solo concebidos para mujeres. Con lo que reconocen que los concibieron erróneamente al par que corrigen su error ayudando también a los hombres. En definitiva dejan de concebir la violencia como “de género” para concebirla como “doméstica”.
¿Nos dejaremos hispanizar en España? ¿Hasta cuándo la desprotección de los hombres maltratados?
viernes, 21 de enero de 2011
Hombres maltratados en México.
Si hace días comentaba una noticia sobre hombres maltratados en Honduras hoy voy a hacer lo propio con otra noticia mexicana. Se trata de unas declaraciones de la directora del Instituto Municipal de la Mujer del municipio de Ciudad Lerdo, Glafyra Helena Valenzuela Valdez.
Parece ser que en estos dos últimos meses las denuncias de mujeres a hombres han descendido notablemente, al par que las de hombres a mujeres por violencia doméstica han aumentado “de manera alarmante”. “Los quejosos acuden a fin de evitar ser golpeados por mujeres que abusan de algunas ventajas que les da su condición femenina”, afirma la directora del Instituto de la Mujer.
Y concluye la citada señora: “aunque el organismo fue creado en busca de proteger a las mujeres y a los niños, ello no implica negar algún servicio a los hombres, pues lo que se busca es la igualdad de derechos y la equidad de género”.
Igual que decía el otro día, ¿para cuando en España dirigentes valientes y capaces de plantear estas situaciones tal cual son? ¿Por qué en Honduras y en México sí hablan sin tapujos de que hay hombres maltratados, y además les dan servicios asistenciales?
Parece ser que en estos dos últimos meses las denuncias de mujeres a hombres han descendido notablemente, al par que las de hombres a mujeres por violencia doméstica han aumentado “de manera alarmante”. “Los quejosos acuden a fin de evitar ser golpeados por mujeres que abusan de algunas ventajas que les da su condición femenina”, afirma la directora del Instituto de la Mujer.
Y concluye la citada señora: “aunque el organismo fue creado en busca de proteger a las mujeres y a los niños, ello no implica negar algún servicio a los hombres, pues lo que se busca es la igualdad de derechos y la equidad de género”.
Igual que decía el otro día, ¿para cuando en España dirigentes valientes y capaces de plantear estas situaciones tal cual son? ¿Por qué en Honduras y en México sí hablan sin tapujos de que hay hombres maltratados, y además les dan servicios asistenciales?
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lunes, 10 de enero de 2011
Denuncias falsas: analizando en profundidad algunos datos.
Hace semanas hablamos sobre los dos significados del sintagma “denuncia falsa”, entendido como denuncia de contenido falso o como delito de denuncia falsa. Expliqué el uso falaz que hacen los grupos feministas del segundo significado sabiendo que dan a entender el primero, y llamé también la atención sobre los extraños datos del juez Serrano, que acercaban las denuncias falsas al 98 %.
Hoy se ha publicado en la prensa datos de la fiscalía de Madrid sobre casos de violencia de género iniciados con urgencia y que consecuentemente dieron pie a lo que popularmente se conoce como juicio rápido. En realidad, y es precisa la matización, son unas diligencias de investigación urgentes tras las que, en caso de que haya indicios de delito, se realiza un juicio rápido (esta vez sí) en el plazo máximo de quince días.
Las cifras están basadas en datos obtenidos entre el 1 de enero de 2010 y el 12 de octubre (extraño corte de fechas, por cierto), en que en Madrid hubo 3.923 casos urgentes atendidos judicialmente. El 49,13 % de los asuntos fue directamente archivado (el juez no vio indicios de delito), el 4,94 % de los casos el acusado reconoció directamente el delito y en el 45,93 % restante se entendió que había indicio de delito y se celebró un juicio (no hay datos de cuántos de estos juicios terminaron con la absolución del acusado).
La interpretación de estas cifras es difícil, pero muy grosso modo podemos concluir que casi la mitad de las denuncias por violencia de género son falsas; también sabemos que solo el 5 % de los acusados se aceptan maltratadores y que el 46 % restante quieren defender su inocencia a pesar de que si asumen su culpa se les rebajará la condena en un tercio (razón que mueve a que muchos abogados recomienden directamente declararse culpable).
Estas conclusiones son muy matizables por casos concretos, pero parece que en estos datos sí podemos basar un análisis sobre las denuncias falsas, aun sobre la base de que no hay manera de concluir de manera exacta cuántas denuncias de género son falsas. Pero así podemos hacernos una idea.
Idea por cierto muy lejana a la de Miguel Lorente, delegado del gobierno para la violencia de género, que el otro día afirmaba que en España no había una sola mujer que mintiera. Creo que no hace falta comentario.
Hoy se ha publicado en la prensa datos de la fiscalía de Madrid sobre casos de violencia de género iniciados con urgencia y que consecuentemente dieron pie a lo que popularmente se conoce como juicio rápido. En realidad, y es precisa la matización, son unas diligencias de investigación urgentes tras las que, en caso de que haya indicios de delito, se realiza un juicio rápido (esta vez sí) en el plazo máximo de quince días.
Las cifras están basadas en datos obtenidos entre el 1 de enero de 2010 y el 12 de octubre (extraño corte de fechas, por cierto), en que en Madrid hubo 3.923 casos urgentes atendidos judicialmente. El 49,13 % de los asuntos fue directamente archivado (el juez no vio indicios de delito), el 4,94 % de los casos el acusado reconoció directamente el delito y en el 45,93 % restante se entendió que había indicio de delito y se celebró un juicio (no hay datos de cuántos de estos juicios terminaron con la absolución del acusado).
La interpretación de estas cifras es difícil, pero muy grosso modo podemos concluir que casi la mitad de las denuncias por violencia de género son falsas; también sabemos que solo el 5 % de los acusados se aceptan maltratadores y que el 46 % restante quieren defender su inocencia a pesar de que si asumen su culpa se les rebajará la condena en un tercio (razón que mueve a que muchos abogados recomienden directamente declararse culpable).
Estas conclusiones son muy matizables por casos concretos, pero parece que en estos datos sí podemos basar un análisis sobre las denuncias falsas, aun sobre la base de que no hay manera de concluir de manera exacta cuántas denuncias de género son falsas. Pero así podemos hacernos una idea.
Idea por cierto muy lejana a la de Miguel Lorente, delegado del gobierno para la violencia de género, que el otro día afirmaba que en España no había una sola mujer que mintiera. Creo que no hace falta comentario.
jueves, 16 de diciembre de 2010
¿Hay muchas o pocas denuncias falsas?
Hablaba la semana pasada de que con motivo del día internacional contra la violencia de género (en la que no quedan amparados los hombres maltratados) los grupos feministas habían insistido en que las denuncias falsas de mujeres sobre hombres por este tipo de violencia son tan pocas que hasta alguien las llamaba “anecdóticas”. En cualquier caso son tan pocas que ningún análisis serio sobre la violencia contra las mujeres debe tenerlas en cuenta. Para apoyar todo esto citan datos oficiales del Consejo General del Poder Judicial, según el cual en el primer semestre de 2010 solo ha habido 3 denuncias falsas (sobre 34.256 presentadas).
Ahora bien, por el contrario, hay cada vez más gente que habla sobre la frecuencia creciente de las denuncias falsas. Entre ellos el juez sevillano Francisco Serrano ha llegado a declarar públicamente que el 93,78 % de las denuncias de violencia de género son falsas. Dato sustentado en su propia experiencia y en la de otros compañeros suyos, se supone.
La enorme diferencia entre el 0,0088 % y el 93,78 % parece absolutamente irreconciliable, salvo que entendamos la causa de dicha diferencia. Y es que aunque parecen hablar de lo mismo, el CGPJ y el juez Serrano se están refiriendo a realidades diferentes.
La cuestión es la siguiente. El término “denuncias falsas” designa dos conceptos parecidos, pero no idénticos; y para poder entender la cuestión es imprescindible analizar los dos conceptos, pues de lo contrario nos movemos en la confusión total.
Cuando el CGPJ afirma que en 2010 ha habido solo tres denuncias falsas, usa un sintagma que ha reducido de otro más extenso que se entiende sin dificultad: “delito de denuncia falsa”, tipificado en el Código Penal en los artículos 456 y 457, y que como todo delito ha de ser necesariamente probado (según el art. 24.1 de nuestra Constitución). Esos tres casos responden por lo tanto a tres sentencias judiciales firmes en que mujeres han sido condenadas por denunciar falsamente a su pareja, pudiendo posteriormente demostrarse irrefutablemente que la denuncia era falsa.
Por el contrario cuando otros como el juez Serrano afirman que hay un 93,78 % de denuncias falsas, se utiliza el sintagma en el sentido genérico, entendiendo por tal una “denuncia de contenido falso” (independientemente de que se pueda probar o no). Y claro, la prueba de que la denuncia es falsa es extremadamente difícil.
En conclusión, la enorme diferencia en las cifras de “denuncias falsas” responde a que cada uno está hablando de una cosa diferente, lo cual motiva la confusión absoluta que sin duda es aprovechada por el feminismo para convencer a la sociedad española de que hay pocas “denuncias falsas”. Dicho con otras palabras, el término “denuncia falsa” es análogo, y se utilizan datos del concepto jurídico (“delito de denuncia falsa”) como si se refirieran al sentido genérico (“denuncia de contenido falso”), utilizando la confusión en beneficio de las tesis feministas.
Este es el pequeño juego tramposo que hacen y que necesariamente hay que explicar para resolver la aparente confusión en la que se basan para el engaño.
La semana que viene analizaré los datos del juez Serrano sobre denuncias de contenido falso, con las que tampoco puedo estar ni mucho menos de acuerdo. Siempre ha habido denuncias falsas y cada vez son más los hombres maltratados víctimas de estas denuncias, pero desde luego están muy lejos de ser el 93,78 %.
Ahora bien, por el contrario, hay cada vez más gente que habla sobre la frecuencia creciente de las denuncias falsas. Entre ellos el juez sevillano Francisco Serrano ha llegado a declarar públicamente que el 93,78 % de las denuncias de violencia de género son falsas. Dato sustentado en su propia experiencia y en la de otros compañeros suyos, se supone.
La enorme diferencia entre el 0,0088 % y el 93,78 % parece absolutamente irreconciliable, salvo que entendamos la causa de dicha diferencia. Y es que aunque parecen hablar de lo mismo, el CGPJ y el juez Serrano se están refiriendo a realidades diferentes.
La cuestión es la siguiente. El término “denuncias falsas” designa dos conceptos parecidos, pero no idénticos; y para poder entender la cuestión es imprescindible analizar los dos conceptos, pues de lo contrario nos movemos en la confusión total.
Cuando el CGPJ afirma que en 2010 ha habido solo tres denuncias falsas, usa un sintagma que ha reducido de otro más extenso que se entiende sin dificultad: “delito de denuncia falsa”, tipificado en el Código Penal en los artículos 456 y 457, y que como todo delito ha de ser necesariamente probado (según el art. 24.1 de nuestra Constitución). Esos tres casos responden por lo tanto a tres sentencias judiciales firmes en que mujeres han sido condenadas por denunciar falsamente a su pareja, pudiendo posteriormente demostrarse irrefutablemente que la denuncia era falsa.
Por el contrario cuando otros como el juez Serrano afirman que hay un 93,78 % de denuncias falsas, se utiliza el sintagma en el sentido genérico, entendiendo por tal una “denuncia de contenido falso” (independientemente de que se pueda probar o no). Y claro, la prueba de que la denuncia es falsa es extremadamente difícil.
En conclusión, la enorme diferencia en las cifras de “denuncias falsas” responde a que cada uno está hablando de una cosa diferente, lo cual motiva la confusión absoluta que sin duda es aprovechada por el feminismo para convencer a la sociedad española de que hay pocas “denuncias falsas”. Dicho con otras palabras, el término “denuncia falsa” es análogo, y se utilizan datos del concepto jurídico (“delito de denuncia falsa”) como si se refirieran al sentido genérico (“denuncia de contenido falso”), utilizando la confusión en beneficio de las tesis feministas.
Este es el pequeño juego tramposo que hacen y que necesariamente hay que explicar para resolver la aparente confusión en la que se basan para el engaño.
La semana que viene analizaré los datos del juez Serrano sobre denuncias de contenido falso, con las que tampoco puedo estar ni mucho menos de acuerdo. Siempre ha habido denuncias falsas y cada vez son más los hombres maltratados víctimas de estas denuncias, pero desde luego están muy lejos de ser el 93,78 %.
jueves, 2 de diciembre de 2010
El descenso por denuncias de violencia de género no alegra a las feministas.
Si quisiéramos hablar sobre los comentarios y declaraciones de personas y personalidades que escuchamos el pasado 25 de noviembre tendríamos para escribir probablemente una monografía entera. Y creo que no exagero. Actrices, abogadas, ministras, directoras de cine, sociólogas, consejeras, psicólogas, trabajadoras sociales y hasta algunos hombres que se afirmaban “orgullosamente feministas” hablaron durante todo el día y hasta en días sucesivos sobre la lacra de la violencia de género, de la que por definición quedan excluidos en cualquier caso los hombres maltratados.
Entre todos los comentarios y declaraciones quiero hoy hablar sobre uno que se repitió sin cesar, el relativo a las denuncias falsas de mujeres sobre hombres. Insistían en que son tan pocas tan pocas que en realidad son pura anécdota (en sus propias palabras), pero anécdota siniestra en la medida en que había muchas mujeres que por oír hablar de dichas denuncias falsas no denunciaban aun cuando los casos que ellas padecían eran reales. Así pues al argumento de que son muy pocas añadían ahora que además provocaban la siniestra consecuencia de disuadir de la denuncia a algunas mujeres maltratadas. Esa sería precisamente la causa del descenso de las denuncias “de género” que al parecer está habiendo en este año 2010.
El próximo día explicaré si hay muchas denuncias falsas o no, pero hoy quiero centrarme en el segundo de los argumentos. Ignoro por completo las razones del descenso del número de denuncias, pero desde luego que suponer que solo hay una razón para este descenso (y que no son varias las que lo provocan) supone un gravísimo error de inicio ya que es evidente que diversas causas podrían a priori provocar dicho descenso. Pero entre otras causas la que desde luego parece más evidente es precisamente el descenso de delitos, y no deja de ser interesante que desechen absolutamente esta posibilidad.
Tampoco se entiende muy bien cómo el hecho de que existan denuncias falsas puede disuadir de la denuncia a quien es perfectamente consciente de que su denuncia no es falsa, pero incluso estoy dispuesto a admitir que este extraño requiebro psicológico pueda ocurrir en algunas ocasiones. Eso sí, en pocas, en muy pocas.
Ahora bien, hay un elemento que no podemos dejar de lado cuando analizamos el planteamiento de estas ideólogas. Como defensoras autoproclamadas del colectivo imaginario (metafísico) “mujeres” parece lógico que se alegraran de que hubiera menos denuncias, en la medida en que la explicación más fácil y razonable de dicho descenso es que se corresponda directamente con el descenso de los delitos “de género” (si no hay delito no cabe la denuncia). Sin embargo se lamentan del descenso de denuncias (contra los hombres), con lo que parece traslucirse que su objetivo real no es evitar el maltrato a la mujer sino promover las condenas contra los hombres.
Creo que esto demuestra una vez más que la “ideología de género” no va dirigida a defender a las mujeres sino a atacar a los hombres, suponiendo en primer lugar que existen tales colectivos (hombres y mujeres) y que además están en lucha. La aplicación práctica de esta ideología a través de la ley de violencia de género provoca tanto el ascenso del número de mujeres muertas como el del número de hombres condenados. Parece que así cumplen su objetivo.
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miércoles, 24 de noviembre de 2010
¿El fin de la igualdad?
Escribo con mayúscula inicial la palabra Igualdad no por llamar la atención sobre la palabra, sino porque me refiero al ya difunto ministerio. He dudado mucho sin poner el título entre interrogaciones o no, porque a estas alturas poco sabemos sobre el asunto. Los únicos datos que conocemos es que desaparece el ministerio y se convierte en una secretaría de estado dependiente del ministerio de Sanidad, cuya nueva ministra es ni más ni menos que Leire Pajín, jefa directa por lo tanto de nuestra Bibiana Aído.
Parece por lo tanto que nada va a cambiar, salvo si acaso que veremos y oiremos menos a la pensadora Bibiana y más a su nueva jefa, la no menos pensadora Leire. Parece así que la respuesta a la interrogante del título está clara: las políticas de Igualdad seguirán presentes en el gobierno, incluso como uno de los puntos fuertes de su acción política. No obstante quizá sea buen momento para decir unas pocas palabras sobre el difunto ministerio, uno de los grandes disparates del actual gobierno.
Por hoy me ceñiré nada más a insistir en que jamás fue un ministerio con competencias sobre Igualdad. Más que nada porque decir eso es básicamente no decir nada, en la medida en que no se dice cuál es el parámetro de la igualdad. Quiero decir, que para que tuviera algo de contenido habría que decir en qué es la igualdad, en altura, en inteligencia, en nivel económico, etc. En realidad todos los ministerios tienen competencias de “igualdad”: el de fomento cuando hace un ave a Valencia “iguala” a los valencianos con los sevillanos (que ya tenían ave); el de economía iguala a todos los españoles con el impuesto de IVA (“todos los españoles son iguales respecto del IVA”), etc.
El ministerio que nunca fue de igualdad salvo en el nombre, fue siempre un ministerio para la mujer, a imagen de muchas concejalías o consejerías llamadas así. Analizar qué sea eso ya es cuestión que haremos otro día.
Lo que si quiero decir muy claro una vez más es que el principal fin del difunto ministerio que era luchar contra la que llaman violencia de género ha sido un rotundo fracaso: el número de mujeres muertas ha aumentado y el número de hombres muertos ha aumentado. Y además la voz de los hombres maltratados ha quedado ninguneada, vejada y machacada. Las denuncias falsas contra hombres han crecido en progresión geométrica y la impunidad absoluta de las mujeres a este respecto augura un progreso incesante.
El ministerio de igualdad ha logrado que el número de hombres maltratados y hasta de los asesinados se haya disparado. Y también ha conseguido que haya más mujeres asesinadas. Pero la nueva secretaría de estado continuará con las mismas políticas. Así que lamentablemente, nada va a cambiar.
Parece por lo tanto que nada va a cambiar, salvo si acaso que veremos y oiremos menos a la pensadora Bibiana y más a su nueva jefa, la no menos pensadora Leire. Parece así que la respuesta a la interrogante del título está clara: las políticas de Igualdad seguirán presentes en el gobierno, incluso como uno de los puntos fuertes de su acción política. No obstante quizá sea buen momento para decir unas pocas palabras sobre el difunto ministerio, uno de los grandes disparates del actual gobierno.
Por hoy me ceñiré nada más a insistir en que jamás fue un ministerio con competencias sobre Igualdad. Más que nada porque decir eso es básicamente no decir nada, en la medida en que no se dice cuál es el parámetro de la igualdad. Quiero decir, que para que tuviera algo de contenido habría que decir en qué es la igualdad, en altura, en inteligencia, en nivel económico, etc. En realidad todos los ministerios tienen competencias de “igualdad”: el de fomento cuando hace un ave a Valencia “iguala” a los valencianos con los sevillanos (que ya tenían ave); el de economía iguala a todos los españoles con el impuesto de IVA (“todos los españoles son iguales respecto del IVA”), etc.
El ministerio que nunca fue de igualdad salvo en el nombre, fue siempre un ministerio para la mujer, a imagen de muchas concejalías o consejerías llamadas así. Analizar qué sea eso ya es cuestión que haremos otro día.
Lo que si quiero decir muy claro una vez más es que el principal fin del difunto ministerio que era luchar contra la que llaman violencia de género ha sido un rotundo fracaso: el número de mujeres muertas ha aumentado y el número de hombres muertos ha aumentado. Y además la voz de los hombres maltratados ha quedado ninguneada, vejada y machacada. Las denuncias falsas contra hombres han crecido en progresión geométrica y la impunidad absoluta de las mujeres a este respecto augura un progreso incesante.
El ministerio de igualdad ha logrado que el número de hombres maltratados y hasta de los asesinados se haya disparado. Y también ha conseguido que haya más mujeres asesinadas. Pero la nueva secretaría de estado continuará con las mismas políticas. Así que lamentablemente, nada va a cambiar.
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